El otro día me dijo un colega que el prefería ser una persona normal, ni especialmente feliz, ni especialmente triste, para poder apreciar los momentos que te hacían realmente feliz. La verdad es que tiene mucha razón, argumentó que si siempre estás feliz y pletórico no aprecias...esos grandes momentos. Y digo yo, que para ser feliz no hay que esperar grandes momentos, porque las cositas pequeñas son las que nos sacan la sontisita cada día, y los grandes momentos nos hacen sonreir mucho, pero durante poco tiempo. Yo acabo de pasar una etapa de máxima felicidad (porque a mi me ha dado la gana), pero ahora que regreso a la normalidad, no soy infeliz, ni antes lo era. Soy feliz siempre, pese a todo, sólo que en ocasiones surgen motivaciones que me hacen sonreir más de la cuenta. Pero esas motivaciones son efimeras...a menudo porque nosotros mismo queremos, nos cansamos o porque así pasan las cosas. Lo único que dura para toda la vida es ella misma. Así que a disfrutarla...como se pueda.
Y a veces la persona que caminaba a tu lado era la que buscabas al otro lado del oceano, pero tanto tiempo buscando tan lejos no te dejo ver lo que estaba tan cerca.
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