jueves, 8 de noviembre de 2007

Un corazón débil y un carácter de hierro

Hay personas difíciles de olvidar, marcan tu vida para bien o para mal. Ella no marco mi vida significativamente, pero estaba ahí y yo lo sabía. Quizá sólo fuera por el título, quizá sólo fuese cariño, pero en el recuerdo quedará. Algo en mí hay de ella, se que parte de mi carácter es de su sangre, en mi recuerdo y en lo que cada uno somos quedará su persona. Me entristece no llorar por mí misma, pero no es necesario expresar con lágrimas lo que duelen las pérdidas.
No te volveré a ver nunca... Pero siempre te llevaré en mi corazón, fueses como fueses, porque eras y eres parte de mi vida y se que ese corazoncito no latía con malos sentimientos, lo sé porque a veces siento como tú.

No se decir adiós, es muy triste, así que te diré que, sea de la forma que sea, te quiero yaya.

MITOS: La razón del Sexo

"Al principio de la creación, los hombres y las mujeres no eran como son hoy; había sólo un ser, que era bajo, con un cuerpo y un cuello, pero cuya cabeza tenía dos caras, cada uno mirando en una dirección. Era como si dos criaturas estuviesen pegadas por la espalda, con dos sexos opuestos, cuatro piernas, cuatro brazos.
Los dioses griegos, sin embargo, eran celosos, y vieron que la criatura que tenía cuatro brazos trabajaba más, dos caras opuestas estaban siempre vigilantes y no podían ser atacadas a traición, cuatro piernas no exigían tanto esfuerzo para permanecer de pie o andar durante largos períodos. Y lo que era más peligroso: la criatura tenía dos sexos diferentes, no necesitaba a nadie más para seguir reproduciéndose en la Tierra.
Entonces dijo Zeus, el supremo señor del Olimpo: Tengo un plan para hacer que estos mortales pierdan su fuerza.
Y, con un rayó, partió la criatura en dos, y así creo al hombre y a la mujer. Eso aumentó mucho la población del mundo, y al mismo tiempo desorientó y debilitó a los que en él habitaban, porque ahora tenían que buscar su parte perdida, abrazarla de nuevo, y en ese abrazo recuperar la antigua fuerza, la capacidad de evitar la traición, la resistencia para andar largos períodos y soportar el trabajo agotador. A ese abrazo donde los dos cuerpos se confunden de nuevo en uno lo llamamos sexo."

Según Coelho en "Once Minutos" y Platón