
Señores y señoras, no se depriman, mis tristes palabras no reflejan la tristeza de mi alma sino las cicatrices que quedaron. No habrá princesas, pero si ‘‘damas de noche que en el asiento de atrás de un coche no preguntaban si las querías...aves de paso, como pañuelos cura fracasos...’’ No, no estoy haciendo una confesión sobre mi intimidad (aunque sea lo que muchos desean) sino haciendo una metáfora usando a Sabina directamente, reflexionen y acierten con su conclusión.
De nuevo siento la fuerza, que no las motivaciones, de nuevo escribo, que no hago arte, de nuevo vivo... señor@s he vuelto. Gracias a quien menos esperan, puede que no por lo que yo imagino, quizá no para siempre, porque nunca no es nunca, porque tampoco lo es siempre.
¿Quieren ser felices? Dedíquense a vivir, no maquinen más, no piensen mal, no me hagan sufrir; el sufrimiento lo creo yo misma, no lo intensifiquen con sus palabras, que cuando fueron eficaces fue hace tiempo, no ahora. Más vale prevenir que curar, porque cuando uno ya está enfermo es cuando duele y ese dolor no se puede eliminar.
[Las mejores frases se me van con las estrellas de mi ventana...con las lentillas, las toallitas desbellecedoras...que subjetiva es la belleza, yo quiero ser su jetiva]
Sólo espero no estar en el ojo del huracán, pero déjenme, en serio, disfrutar de los que de mi disfrutan, déjenme vivir (que no morir) en paz; envenenémonos nosotros mismos, pero que no nos envenenen los demás.
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